Teoterapia: Conoce cómo la religión y la meditación mantienen sano a nuestro cerebro

Hace alrededor de 25 años creé una teoría que hace una fusión entre la psiquiatría y la religión, para comprender más a fondo la conducta del ser humano y su búsqueda por lo trascendente. Fue así como surgió la teoterapia, una terapia que ayuda a disminuir el sufrimiento, así como síntomas de depresión, ansiedad y deterioro físico, mejorando así nuestra salud emocional, física y emocional.


Fotografía de Marcos Paulo Prado en Unsplash

La teoterapia surgió porque me di cuenta de que las terapias convencionales no satisfacían las necesidades trascendentes como darle sentido a la vida, las metas, valores de vida y la gratitud. Quedaban temas pendientes en la psicoterapia como los valores y las virtudes, por eso creé una teoría basada en hallazgos recientes en:


Genética: Existe gran evidencia científica que demuestra que genéticamente contamos con la tendencia a buscar lo trascendental. Uno de los principales investigadores en este campo es el Dr. Andrew Newberg, creador de la corriente de la neuroteología, que estudia los cambios químicos que ocurren en nuestro cerebro cuando realizamos meditación, sea cual sea la religión que se practique.


Escalas de medición sobre trascendencia: El Dr. Robert Cloninger propone la teoría de la autotrascendencia, es decir, la búsqueda de la dimensión espiritual dentro de nosotros mismos. Y ha creado cuestionarios científicos para estudiar la capacidad que todos tenemos hacia la autotrascencia.


Logoterapia: El Dr. Viktor Frankl, sobreviviente de cuatro campos de concentración nazi y autor de El hombre en busca de sentido fundó esta terapia basada en la búsqueda de significado de vida y en darle un sentido al sufrimiento. Logos es una palabra griega que connota búsqueda de significado o de espíritu contenido en las emociones. Por lo tanto, esta terapia tiene como propósito ayudar a las personas a encontrar su significado de vida.


Fotografía de Joshua Earle en Unsplash

Mindfulness: Es la capacidad de prestar completa atención en el momento presente, con propósito, sin juzgar, viviendo en el aquí y el ahora. Esta habilidad nos permite darnos cuenta de lo que sucede en nuestra mente y tener control sobre ello. En los últimos años ha habido un crecimiento exponencial acerca de cómo el mindfulness beneficia la salud emocional, física y mental.


Ecumenismo: Proviene del latín y del griego para referirse a un lugar o tierra poblada como un todo. El Dr. Herbert Benson, uno de mis profesores en Harvard explica que la única práctica común a todas las creencias religiosas es la meditación.


Theos: la comprensión de la naturaleza divina o trascendente como lo propuso Platón en su obra La República. theos significaba en la antigüedad la inteligencia suprema que promovía el conocimiento a la verdad de todas las cosas; concepto que con el tiempo ha aludido también a la facultad de conocer a Dios. Como lo señala su raíz etimológica, theos (Dios) y terapia (método o forma de cambio de pensamientos, sentimientos y emociones), es la reflexión sobre las dimensiones emocionales, neurofisiológicas y espirituales de la persona humana.


Estamos viviendo una época de mucho estrés y la teoterapia nos ayuda a encontrar la luz al final del túnel, sobre todo ahora durante la pandemia. ¿Y cómo podemos incorporar la teoterapia en nuestra vida? A través de la meditación.


Andrew Newberg ha realizado muchas investigaciones a través de specs cerebrales para estudiar cómo mejora nuestro cerebro con la meditación, esto lo podemos ver a continuación:

Hallazgos de Andrew Newberg

Como vemos en la imagen, antes de meditar hay poco funcionamiento frontal (donde se lleva a cabo el proceso de poner atención) sobre todo del lado izquierdo en rojo). Después de meditar aumentan las funciones frontales que, además de la atención, incluyen visualización, planeación, creatividad, control de impulsos.


Por otro lado, la Dra. Sara Lazar, neurocientífica de Harvard, ha encontrado que la meditación crea neuroplasticidad y neurogénesis, lo que provoca un crecimiento en distintas áreas del cerebro, como en la parte prefrontal, así como la ínsula (que regula el buen estado de ánimo, la imagen corporal, la empatía, el evitar las adicciones así como la sobriedad al comer). También se genera neuroplasticidad en el cíngulo (área que cuando funciona correctamente causa creatividad, regulación de movimientos, afectos y aprendizaje), también el área temporoparietal crece (hace que seamos más amables y altruistas), así como el tallo cerebral (donde se controlan funciones automáticas de respiración, presión arterial, reflejos) y el hipocampo (encargado de la memoria a largo plazo y el aprendizaje).


Hallazgos de Sara Lazar

Sea cual sea la religión que practiquemos, además de brindarnos fe y esperanza ante el futuro, así como consuelo en momentos de crisis, hacer un espacio en nuestro día para meditar sobre un texto, oración, mantra, canción, u otro elemento religioso, nos llena de salud emocional, mental y física. Hoy vivimos momentos de mucho estrés, incertidumbre, tristeza; la teoterapia nos ayuda a encontrar paz y calma, y nos ayuda a explicar la necesidad que sentimos de tener fe en algo más grande que nosotros, en lo trascendental, para salir adelante con antifragilidad.


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